
Educación artística

Considero que las artes visuales deben organizarse en las instituciones educativas como un espacio para promover el acceso a todas las imágenes que nos rodean; es decir, promover no sólo al abordaje de las grandes obras consagradas de la historia del arte, sino también de la multiplicidad de imágenes con las que convivimos. Esto es lo que Fernando Hernández (2010) denomina “cultura visual”.
El mundo en el que vivimos está impregnado de imágenes. Éstas son mediadoras de ideas, conocimientos, historias, experiencias y sentimientos de diversos sujetos, provenientes de distintos lugares, épocas y culturas. La capacidad de decodificarlas -es decir, de interpretarlas, comprenderlas y resignificarlas- como así también de crearlas, no son cuestiones innatas. Al contrario, es posible favorecer su desarrollo a través de prácticas de enseñanza.
El acercamiento a las imágenes que nos rodean ha de procurar favorecer el desarrollo de un pensamiento crítico y reflexivo, capaz de establecer relaciones entre temas y problemas interdisciplinarios, porque las imágenes median significados referidos a distintos campos del saber. Por lo tanto, el lugar de los estudiantes como receptores pasivos, paradigma que actualmente tiene vigencia en muchas aulas y espacios educativos, debe ser reemplazado por un posicionamiento activo, donde el conocimiento sea una construcción en lugar de algo dado que ha de acumularse o absorberse.
Aprender a leer imágenes resulta indispensable para aprender a producirlas (me refiero a imágenes de naturaleza estética y expresiva, capaces de mediar sentidos) y viceversa. Por esto, el desarrollo de habilidades plásticas y de la práctica artística en general resulta indispensable, pero ésta siempre ha de ser situada desde un quehacer crítico que articule conocimientos no solo referidos a aspectos técnicos sino también de la sintaxis de la imagen y de índole cultural.